Prólogo

Prólogo

No sé en que momento me enamore de ti, de tu risa, de tu pelo, de tu mirada, de tu forma de ser, sé el sitio donde te empecé a conocer, las tardes de verano invertidas, los paseos de la mano por la playa, las escapadas a tu casa, los sueños, los planes de futuro, los tropecientos mil hijos que quisimos tener, la vida en común que siempre quisimos tener, la tenemos ahora.

26 de febrero de 2012

Capítulo 21


A la mañana siguiente nos sentamos a hablar, pusimos todas nuestras mejores cartas sobre la mesa, aún así, acabamos juntos revolcándonos en el sillón, como si nada más hubiese en el mundo que nosotros…
A los pocos días tenia que bajarme el periodo, no lo hizo, no me preocupe demasiado, lo dejé pasar, ya bajaría, ¿que prisa había? Estaba todo el día contigo, no me separaba ningún momento, me asome a la ventana, allí fuera todo parecía mucho más grande, por eso me gustaba estar en casa, era acogedora, siempre me ha gustado nuestro hogar, pues era nuestro y de nadie más.
Daniel, tesoro, tienes que hacerte unas pruebas en cuanto vuelvas, sigo contándote todo, ¿vale?
Que tontería, no se que estoy diciendo, sino puedes responderme… nunca vas a volver a ser el mismo, no puedes dejarme sola, no tengo a nadie ni lo tendré, t mismo me lo dijiste un día, apartaba a la gente de mi, ¿Como iba a poder vivir sin ti? Me sería imposible, no podría soportar un mundo sin ti…
-Sara, nos lo llevamos, luego te lo traemos, ¿vale?, y, recuerda una cosa siempre, `` no hay nada imposible, si tu no quieres ´´
-Claro Doctor, es mucho tiempo, y, nunca pierdo la esperanza… pero cada día la veo un poco más lejos…
-Sara, desde que llegaste has sido la mujer más luchadora que he conocido, persigues siempre aquello que quieres, sabes como hacer las cosas, no te desesperes, esto es lento, pero no lo abandones, nunca lo has hecho, no lo hagas ahora…
-Doctor, no voy a separarme de él, un día lo prometí, se lo prometí al mar, y a él, asi que no lo dejare solo, pero comprenda que no siempre puedo estar con las mismas fuerzas…
-Por supuesto que lo comprendo, pero compréndame usted a mi que no puedo permitir que la mujer más fuerte que he conocido nunca se venga abajo, ¡Hasta luego!

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