Prólogo

Prólogo

No sé en que momento me enamore de ti, de tu risa, de tu pelo, de tu mirada, de tu forma de ser, sé el sitio donde te empecé a conocer, las tardes de verano invertidas, los paseos de la mano por la playa, las escapadas a tu casa, los sueños, los planes de futuro, los tropecientos mil hijos que quisimos tener, la vida en común que siempre quisimos tener, la tenemos ahora.

17 de enero de 2012

Capítulo 4


-Buenos días tesoro, espero que hayas descansado bien, dice el médico que todo va mucho mejor, ¿Con que has cogido mi diario sin permiso, no?, ¡ujum! esta bien, desayunaremos y luego seguiré contándote.
Al día siguiente la sonrisa no se borraba de mi cara, parecía una niña de tres años la mañana del día de reyes, desde luego no había mejor regalo que tu, fue pasando poco a poco el verano, y, el invierno, y, con ellos el año, pero acabó junto a ti, con el amor de mi vida, acabó la universidad, y puesto que todo no es para siempre, tuviste que marcharte fuera para seguir estudiando, yo me quedé aquí, en Italia, continúe con mis estudios, y, cuando acabé me puse a trabajar de abogada aquí, no supe nada de ti, en 5 años, parece poco ¿eh? ¡pues no lo fue!¡se me hizo eterno! intente olvidarte, buscar nuevas distracciones, volcarme en mi trabajo, mantenerme ocupada, volver a enamorarme, pero nada fue útil, contigo comprendí que no se puede olvidar a alguien del que sigues enamorado, y, también que te necesitaba, cuando por fin apareciste, no lo hiciste como yo quisiese traías a tu novia... al parecer te habías olvidado de mi, y, por lo que se veía eras feliz, llegaste a lo mas alto en tu trabajo, y te convertiste en un importante hombre de negocios.

Capítulo 3



 Al día siguiente, no supe nada de ti hasta la noche, recibí un sms: a las 1:30 en la playa, en nuestro sitio; lo leí a las una menos cuarto, comencé a tirar toda la ropa del armario buscando algo que ponerme, en cuanto lo encontré, salí corriendo hacia allí, de repente vi una sabana enorme blanca en medio de la arena,  una luna llena, y, un montón de velas chiquititas al rededor de la sabana, aquello parecía un sueño, pero tenia claro que era mi sueño, y, que pensaba aprovecharlo, entonces, tú me regalaste algo, era un reloj que llevaba fecha, y, hora comenzaste a darle golpecitos te pregunte para qué, y me explicaste que de ese modo nunca se nos olvidaría aquel día, entonces te bese, y, me contaste, que te quedarías en Italia todo el año, que te habían concedido la beca y que podrías proseguir con tus estudios aquí, me puse como loca, recuerdo que comencé a saltar y a besarte, fue nuestra noche, una noche que jamás olvidaré...
Bueno, se ha echo tarde, cariño me voy, mañana vendré sobre las diez que tengo que pasarme a hacer unos recados, y te seguimos hablando, te quiero.