Prólogo

Prólogo

No sé en que momento me enamore de ti, de tu risa, de tu pelo, de tu mirada, de tu forma de ser, sé el sitio donde te empecé a conocer, las tardes de verano invertidas, los paseos de la mano por la playa, las escapadas a tu casa, los sueños, los planes de futuro, los tropecientos mil hijos que quisimos tener, la vida en común que siempre quisimos tener, la tenemos ahora.

19 de octubre de 2012

Capítulo 24


La fecha del nacimiento de nuestro pequeño iba acercándose, la ansiábamos, pero también sentíamos miedo por saber si lo haríamos bien, tan solo queríamos que nuestro pequeño pudiese ser feliz con nosotros, que disfrutase de su infancia, que pudiese ser un niño, lo que nosotros no habíamos tenido en nuestro hogar, y fueron pasando los días hasta llegar a el veintinueve de julio de mil novecientos setenta y nueve, comencé con unas simples contracciones, sin más pero al estar de ocho meses casi y medio, decidí ir a el hospital. Te llamé. Viniste corriendo a casa a por mi, fuimos juntos, efectivamente, esas contracciones fueron aumentando conforme pasaban los minutos, nuestro pequeño tenia prisa por salir fuera y ver lo que había a su alrededor, supongo que al igual que sus padres, muy impaciente por descubrir mundo, iba bajando cada vez más, se le veía ya la cabeza, hasta su pequeña barriga, tu llorabas de alegría, y yo de dolor… aun así, cuando le vi, todo ese dolor desapareció, se convirtió en alegría, pues Daniel Dimasi López había nacido. La primera vez que le tuve en brazos nunca podré olvidarlo, su pelo era del mismo color que el mío, bueno miento, era una mezcla de tu pelo y el mío, no podía ver sus ojos pues aun no se abrían, y sentía su corazón latir contra mi pecho, como si su vida estuviese unida a mi para siempre, esa sensación fue mágica, saber que habíamos traído gracias a nuestro amor a un ser mágico pequeñito, pero era nuestro hijo, nuestro pequeño Dani. Estuve tan solo dos días en el hospital pues todo iba bien y tanto Dani como yo estábamos estupendamente, al llegar a casa, lo puse en su cuna, allí estábamos los tres por primera vez en su cuarto un cuarto que habíamos elaborado con nuestras propias manos para nuestro pequeño, algo que tan solo entendíamos nosotros. Nos costo hacernos a la idea de pasar noches en vela por el, sobre todo a mi, pero poco a poco todo eso se fue viendo recompensado con cada gesto del bebé, con cada mueca… Decidimos salir a pasear, ahora si se podía apreciar todo sobre Dani, su pelo liso y con olor a mar era algo raro, pues nunca había visitado el mar fuera de la barriga de su madre, pero sin embargo, olía a mar, y eso le hacia especial, su cabello era completamente liso, y, ahora si que se podía apreciar correctamente el color de su pelo y sus ojos, su pelo era como el tuyo, rubio, y sus ojos, eran dos almas, dos corazones, jamás vi ojos tan bonitos como los suyos, eran verdes, un verde clarito, tampoco mucho, alrededor de la pupila se apreciaba el color marrón miel en forma de circunferencia, su mirada era única, era el reflejo de cómo nos mirábamos tu y yo, era nuestro reflejo.

Capítulo 23


Cariño, siento haberte dicho todo eso antes, lo siento de veras, te quiero, seguiremos con nuestra historia, ¿Sí?
Pasó un mes, seguía sin saber nada de mi periodo, por lo que empecé a sospechar que tal vez había quedado embarazada, por lo que compré un test, decidí no decirte nada hasta que supiese la respuesta…
La respuesta fue, que  íbamos a ser papás, me puse muy contenta, fui corriendo al dormitorio a decírtelo, entonces preguntaste que si era una broma, contesté que no, que íbamos a ser papás, entonces comencé a llorar de emoción y quedamos fundidos en un eterno abrazo.
El tiempo fue pasando, nuestra vida fue desarrollándose con normalidad, mi barriga crecía y tú eras feliz a mi lado, al igual que yo.
Recuerdo que tuve algunas complicaciones en el embarazo, es cierto, pero los superamos, recuerdo con alegría el día que me dijeron que esperaba un niño, te pusiste aún más contento que yo, siempre habías querido tener un pequeño, no es que una princesita no te hiciese ilusión, pero tu mayor ilusión siempre había sido enseñarle a jugar al futbol a tu pequeño, lo celebramos yendo a comer al sitio más caro de la ciudad, no pudimos volver a salir en tres meses de la factura que nos dieron, pero aun así, nunca nos arrepentimos de nada de lo que hubiésemos hecho juntos.
Recuerdo también el día que comenzamos a pintarle la habitación a Dani, pues así se llamaría nuestro bebé, ninguno de los dos consintió que esa habitación la pintase alguien que no fuesen sus padres, así que compramos un montón de botes de pintura, nos llevamos más de la mitad de los que había;  hicimos nubes en el techo, para que siempre se pudiese sentir libre en ese rinconcito, dibujamos un paisaje en la pared, y, en la pared de la cuna, pintamos nuestras manos juntas, manos que aún permanecen en esas paredes, tardamos una semana en montar y pintar el cuarto de Dani.