La fecha del
nacimiento de nuestro pequeño iba acercándose, la ansiábamos, pero también
sentíamos miedo por saber si lo haríamos bien, tan solo queríamos que nuestro
pequeño pudiese ser feliz con nosotros, que disfrutase de su infancia, que
pudiese ser un niño, lo que nosotros no habíamos tenido en nuestro hogar, y
fueron pasando los días hasta llegar a el veintinueve de julio de mil
novecientos setenta y nueve, comencé con unas simples contracciones, sin más
pero al estar de ocho meses casi y medio, decidí ir a el hospital. Te llamé. Viniste
corriendo a casa a por mi, fuimos juntos, efectivamente, esas contracciones
fueron aumentando conforme pasaban los minutos, nuestro pequeño tenia prisa por
salir fuera y ver lo que había a su alrededor, supongo que al igual que sus
padres, muy impaciente por descubrir mundo, iba bajando cada vez más, se le
veía ya la cabeza, hasta su pequeña barriga, tu llorabas de alegría, y yo de
dolor… aun así, cuando le vi, todo ese dolor desapareció, se convirtió en alegría,
pues Daniel Dimasi López había nacido. La primera vez que le tuve en brazos
nunca podré olvidarlo, su pelo era del mismo color que el mío, bueno miento,
era una mezcla de tu pelo y el mío, no podía ver sus ojos pues aun no se abrían,
y sentía su corazón latir contra mi pecho, como si su vida estuviese unida a mi
para siempre, esa sensación fue mágica, saber que habíamos traído gracias a
nuestro amor a un ser mágico pequeñito, pero era nuestro hijo, nuestro pequeño
Dani. Estuve tan solo dos días en el hospital pues todo iba bien y tanto Dani
como yo estábamos estupendamente, al llegar a casa, lo puse en su cuna, allí
estábamos los tres por primera vez en su cuarto un cuarto que habíamos
elaborado con nuestras propias manos para nuestro pequeño, algo que tan solo
entendíamos nosotros. Nos costo hacernos a la idea de pasar noches en vela por
el, sobre todo a mi, pero poco a poco todo eso se fue viendo recompensado con
cada gesto del bebé, con cada mueca… Decidimos salir a pasear, ahora si se
podía apreciar todo sobre Dani, su pelo liso y con olor a mar era algo raro,
pues nunca había visitado el mar fuera de la barriga de su madre, pero sin
embargo, olía a mar, y eso le hacia especial, su cabello era completamente
liso, y, ahora si que se podía apreciar correctamente el color de su pelo y sus
ojos, su pelo era como el tuyo, rubio, y sus ojos, eran dos almas, dos corazones,
jamás vi ojos tan bonitos como los suyos, eran verdes, un verde clarito,
tampoco mucho, alrededor de la pupila se apreciaba el color marrón miel en
forma de circunferencia, su mirada era única, era el reflejo de cómo nos
mirábamos tu y yo, era nuestro reflejo.
Esta novela te hará embarcarte en una aventura, como mínimo especial, la historia de una pareja a la que no le han regalado nada en su relacion y han tenido que construir su futuro juntos, un ejemplo, de que el amor, puede superar barreras...
Prólogo
Prólogo
No sé en que momento me enamore de ti, de tu risa, de tu pelo, de tu mirada, de tu forma de ser, sé el sitio donde te empecé a conocer, las tardes de verano invertidas, los paseos de la mano por la playa, las escapadas a tu casa, los sueños, los planes de futuro, los tropecientos mil hijos que quisimos tener, la vida en común que siempre quisimos tener, la tenemos ahora.
19 de octubre de 2012
Capítulo 23
Cariño, siento
haberte dicho todo eso antes, lo siento de veras, te quiero, seguiremos con
nuestra historia, ¿Sí?
Pasó un mes, seguía
sin saber nada de mi periodo, por lo que empecé a sospechar que tal vez había
quedado embarazada, por lo que compré un test, decidí no decirte nada hasta que
supiese la respuesta…
La respuesta
fue, que íbamos a ser papás, me puse muy
contenta, fui corriendo al dormitorio a decírtelo, entonces preguntaste que si
era una broma, contesté que no, que íbamos a ser papás, entonces comencé a
llorar de emoción y quedamos fundidos en un eterno abrazo.
El tiempo fue
pasando, nuestra vida fue desarrollándose con normalidad, mi barriga crecía y
tú eras feliz a mi lado, al igual que yo.
Recuerdo que
tuve algunas complicaciones en el embarazo, es cierto, pero los superamos,
recuerdo con alegría el día que me dijeron que esperaba un niño, te pusiste aún
más contento que yo, siempre habías querido tener un pequeño, no es que una
princesita no te hiciese ilusión, pero tu mayor ilusión siempre había sido
enseñarle a jugar al futbol a tu pequeño, lo celebramos yendo a comer al sitio
más caro de la ciudad, no pudimos volver a salir en tres meses de la factura
que nos dieron, pero aun así, nunca nos arrepentimos de nada de lo que hubiésemos hecho juntos.
Recuerdo también
el día que comenzamos a pintarle la habitación a Dani, pues así se llamaría nuestro bebé, ninguno de los dos consintió que esa habitación la pintase alguien que
no fuesen sus padres, así que compramos un montón de botes de pintura, nos
llevamos más de la mitad de los que había; hicimos nubes en el techo, para que siempre se
pudiese sentir libre en ese rinconcito, dibujamos un paisaje en la pared, y, en
la pared de la cuna, pintamos nuestras manos juntas, manos que aún permanecen en esas paredes, tardamos
una semana en montar y pintar el cuarto de Dani.
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