Prólogo

Prólogo

No sé en que momento me enamore de ti, de tu risa, de tu pelo, de tu mirada, de tu forma de ser, sé el sitio donde te empecé a conocer, las tardes de verano invertidas, los paseos de la mano por la playa, las escapadas a tu casa, los sueños, los planes de futuro, los tropecientos mil hijos que quisimos tener, la vida en común que siempre quisimos tener, la tenemos ahora.

27 de enero de 2012

Capítulo 12



Mi viaje favorito fue a París, cogimos los primeros billetes de avión que encontramos y nos fuimos a Paris una semana entera para desconectar, en esos siete días hicimos visitas a la catedral mas famosa, Notre Dame, también a, Arc de Triomphe, a Le Panthéon, a Mur pour la Paix y a otros tantos, que ya no recuerdo, pero, al sexto día de estar allí recuerdo que fuimos a comer a un restaurante en frente de la Torre Eiffel, recuerdo que acabe de comer visto y no visto me moría de ganas por subir y ver la torre Eiffel, subimos a la punta de arriba, y, cuando me gire, de ver las vistas, te encontré de rodillas, con una pequeña cajita de color rojo, que llevaba un pequeño y precioso anillo dentro, y entonces me hiciste la pregunta,
+¿Te gustaría pasar el resto de tu vida junto a mi siendo marido y mujer?
Entonces, no puede contener las lágrimas de amor, y emoción, y  te contesté, si que quiero, y te di un abrazo tan tan lago que creo que los brazos se te quedaron dormidos ajajá
Querido, ya es hora de dejar la lectura hasta mañana, tengo que marcharme, porque la casa esta muy desordenada, y no creo que cuando vuelvas te sea agradable encontrártela así, buenas noches, te quiero.

Capítulo 11


A la mañana siguiente aparecí entre tus sabanas, abrazada a ti, tras una noche muy divertida, me hiciste el desayuno y me lo llevaste a la cama, como un buen caballero, teníamos que recuperar todo el tiempo perdido por lo que ese día lo dedicamos entero para nosotros…
Paso prácticamente una semana en la que no salíamos de casa, nos alimentamos a pizza y toda la casa estaba patas arriba, pero pasada la semana tuvimos que ponernos a buscar trabajo, a arreglar la casa, a hacer las compras, en definitiva, a volver a la realidad, como dos adultos que éramos. No nos lo montamos mal, conseguí trabajo en la universidad dando clases de biología y geología, y, tú pasaste a formar parte de un importante bufete de abogados, por lo que teníamos dos buenos sueldos, todos los fines de semana comíamos en el puerto, y,  siempre nos ha gustado hacer viajes grandes imprevistos, tanto tu como yo, odiábamos la monotonía.