Cariño, siento
haberte dicho todo eso antes, lo siento de veras, te quiero, seguiremos con
nuestra historia, ¿Sí?
Pasó un mes, seguía
sin saber nada de mi periodo, por lo que empecé a sospechar que tal vez había
quedado embarazada, por lo que compré un test, decidí no decirte nada hasta que
supiese la respuesta…
La respuesta
fue, que íbamos a ser papás, me puse muy
contenta, fui corriendo al dormitorio a decírtelo, entonces preguntaste que si
era una broma, contesté que no, que íbamos a ser papás, entonces comencé a
llorar de emoción y quedamos fundidos en un eterno abrazo.
El tiempo fue
pasando, nuestra vida fue desarrollándose con normalidad, mi barriga crecía y
tú eras feliz a mi lado, al igual que yo.
Recuerdo que
tuve algunas complicaciones en el embarazo, es cierto, pero los superamos,
recuerdo con alegría el día que me dijeron que esperaba un niño, te pusiste aún
más contento que yo, siempre habías querido tener un pequeño, no es que una
princesita no te hiciese ilusión, pero tu mayor ilusión siempre había sido
enseñarle a jugar al futbol a tu pequeño, lo celebramos yendo a comer al sitio
más caro de la ciudad, no pudimos volver a salir en tres meses de la factura
que nos dieron, pero aun así, nunca nos arrepentimos de nada de lo que hubiésemos hecho juntos.
Recuerdo también
el día que comenzamos a pintarle la habitación a Dani, pues así se llamaría nuestro bebé, ninguno de los dos consintió que esa habitación la pintase alguien que
no fuesen sus padres, así que compramos un montón de botes de pintura, nos
llevamos más de la mitad de los que había; hicimos nubes en el techo, para que siempre se
pudiese sentir libre en ese rinconcito, dibujamos un paisaje en la pared, y, en
la pared de la cuna, pintamos nuestras manos juntas, manos que aún permanecen en esas paredes, tardamos
una semana en montar y pintar el cuarto de Dani.
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