Prólogo

Prólogo

No sé en que momento me enamore de ti, de tu risa, de tu pelo, de tu mirada, de tu forma de ser, sé el sitio donde te empecé a conocer, las tardes de verano invertidas, los paseos de la mano por la playa, las escapadas a tu casa, los sueños, los planes de futuro, los tropecientos mil hijos que quisimos tener, la vida en común que siempre quisimos tener, la tenemos ahora.

19 de octubre de 2012

Capítulo 23


Cariño, siento haberte dicho todo eso antes, lo siento de veras, te quiero, seguiremos con nuestra historia, ¿Sí?
Pasó un mes, seguía sin saber nada de mi periodo, por lo que empecé a sospechar que tal vez había quedado embarazada, por lo que compré un test, decidí no decirte nada hasta que supiese la respuesta…
La respuesta fue, que  íbamos a ser papás, me puse muy contenta, fui corriendo al dormitorio a decírtelo, entonces preguntaste que si era una broma, contesté que no, que íbamos a ser papás, entonces comencé a llorar de emoción y quedamos fundidos en un eterno abrazo.
El tiempo fue pasando, nuestra vida fue desarrollándose con normalidad, mi barriga crecía y tú eras feliz a mi lado, al igual que yo.
Recuerdo que tuve algunas complicaciones en el embarazo, es cierto, pero los superamos, recuerdo con alegría el día que me dijeron que esperaba un niño, te pusiste aún más contento que yo, siempre habías querido tener un pequeño, no es que una princesita no te hiciese ilusión, pero tu mayor ilusión siempre había sido enseñarle a jugar al futbol a tu pequeño, lo celebramos yendo a comer al sitio más caro de la ciudad, no pudimos volver a salir en tres meses de la factura que nos dieron, pero aun así, nunca nos arrepentimos de nada de lo que hubiésemos hecho juntos.
Recuerdo también el día que comenzamos a pintarle la habitación a Dani, pues así se llamaría nuestro bebé, ninguno de los dos consintió que esa habitación la pintase alguien que no fuesen sus padres, así que compramos un montón de botes de pintura, nos llevamos más de la mitad de los que había;  hicimos nubes en el techo, para que siempre se pudiese sentir libre en ese rinconcito, dibujamos un paisaje en la pared, y, en la pared de la cuna, pintamos nuestras manos juntas, manos que aún permanecen en esas paredes, tardamos una semana en montar y pintar el cuarto de Dani.

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